La primera cortadora de caña fue inventada en Cuba

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La más novedosa cortadora de caña del mundo fue inventada por un cubano: José María Callejas y Becerra, residente en la barriada habanera de Jesús del Monte, quien obtuvo la patente de dicha maquinaria el 10 de noviembre de 1908 con el número 903666.

Concedida por The Patent Oficce of the United States of América, tuvo como representante legal para su tramitación en ese país a la entonces conocida firma James L. Norris, establecida desde 1868 en Washington, D.C.

El proyecto, presentado en Canadá y Cuba, fue registrado en la Isla el 15 de noviembre de 1909. La Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo le expidió la Cédula de Privilegio de Ynvención: por “un aparato para cortar en tres trozos la caña de azúcar”, cuya vigencia se extendía hasta el 15 de noviembre de 1926.

Según su propio inventor y propietario, las características fundamentales de esta cortadora de caña radicaban en su fuerza motriz (procedente del uso de la gasolina o del alcohol), en la posibilidad de alzar la gramínea en posición vertical (a la altura que se requiriera para cortarla en tres partes) y de separar el cogollo, seccionado, para fertilizar la tierra de cara a futura siembras. Y lo primordial: la máquina era manejada por un solo operario, sustituyendo así el trabajo de cien cortadores de caña.

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En su promoción para las ventas directas, el propio Callejas realizó una valoración económica de su utilidad e hizo énfasis en el ahorro económico que la máquina representaba. “Un ingenio que necesite, por ejemplo, 50 mil arrobas de caña para molerlas en 24 horas tendrá que emplear 166 hombres, en el supuesto de que estos cortasen 300 arrobas cada uno en el día.

El jornal que cada hombre ganaría sería de un peso por cada 100 arrobas, de manera que al día se pagarían por estas 50 mil arrobas de caña 498 pesos. En una zafra de cuatro meses el hacendado tendría que gastar en jornales para cortar las cañas la cantidad de $59,760”.

Es evidente que estos costos excedían varias veces el gasto para la adquisición de la cortadora, ya que en su gestión de venta Callejas calculó el costo de producción de este equipo en tres mil pesos, en tanto que el de venta ascendería hasta 10 mil.

Las negociaciones para su venta se efectuaron a través de prestigiosas firmas, como Chamberlin and Co., en Boston Mass, que se dedicaba a servir como agente a inventores y fabricantes. Esta contactó a su vez con la International Harvester Co., la que hizo una oferta que traducimos de su original en inglés.

“José M. Callejas acuerda traspasar a la International Harvester Co. su patente sobre la vida del equipo, 17 años a partir de la fecha de dicha patente, en consideración al contrato con él de pagarle el 50 % neto de las ganancias que se tengan en todos los negocios que se realicen con su máquina de cortar en los diferentes países productores de caña.

La International Harvester Co. se obliga a su vez a continuar activa y diligentemente del negocio de la máquina en todos sus aspectos, incluyendo la impresión de catálogos en varios idiomas en los diferentes países, los cuales se enviarán acompañados de cartas, así como el establecimiento y sostenimiento de vendedores por cuenta de esta compañía. New York, nov. 2-07”.

Tomado de Juventud Técnica

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